Decimotercera carta
Sevilla, veintidos del cuatro del 10.
Sr.: Dr.: del "Hora de Sevilla":
De muy mañana, soplos ligeros recorren el real desierto. A esta hora, entre el frenesí de la noche y las ansias de la tarde, parece que la feria suspendiera un rato sus esfuerzos para recobrar aliento. El amanecer invade la caseta como un agua gris, el rosa del cielo naciente se refleja en las lonas multicolores y en los espejos. Las tablas regadas de las mesas relucen débilmente en la oscuridad que muere. Es otro día de feria. De otro, será de otro, como antes de mis besos: su voz, sus ojos claros, sus cuerpo diminuto. ¿Cómo decirle al sol que no siga su marcha?. Ya comienzan los precoces a llegar, los feriantes a abrir sus chingos (?) y los jóvenes a reír y a bailar y a brincar como el agua de peña en peña. De otro, como ayer de mis besos. Fue en la feria, Sr.: Dr.: (déjame que te llame Elías), hace ya un año.
Pasa la vida,
pasa la vida.
Pasa la vida
igual que pasa la corriente
del río que lleva al mar
y yo me quedo indiferente
por lo que pueda pasar.
No me dejes, Elías, con la embriaguez terrible del dolor a solas...Mira, mira la caseta de enfrente: de ella o en ella emerge o ingresa la Nati que clausura la noche o inaugura el día. Apenas se le nota el embarazo bajo el negro traje de gitana que yo le regalé...el cielo se deshace en rayos de oro... ¡es la Nati que pasa!. De mí.
Antes que en brazos de otro prefiero
entre mis brazos contemplarte muerta.
A vd.: no, sr.: dr.:, a Vd.: no quisiera contemplarlo "muerta", a no ser que sea vd.: transexual, que tampoco. Ni verlo entre mis brazos, fetofeo. ¡Huy, huy, me voy, que ahí llega mi hemmano con la garrota y que seguro que mestá buscándome!.
Corre como un galgo
Duque Luque Isidoro
P.E. ¿Cuála es su caseta?.

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