
He dejado de fumar,
he dejado de escupir,
he dejado de beber,
y he dejado de llorar:
¿qué más me puedes pedir...?
Oh, Betis, si no es por tí
yo no podría vivir
y volvería a fumar
y a beber y a escupir
sobre el escudo de él
y volvería a llorar
si me dejaras al fin.
Tú, Lopera, vete ya
y déjanos a los dos
seguir en la intimidad
de más de sesenta mil.

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