lunes 22 de junio de 2009

LOS PASOS















Dejó la novela en el suelo y espió en el corredor el leve sonido de los pasos que se detuvieron, se alejaron, volvieron sobre sí mismos se pararon unos segundos frente a la puerta y se perdieron de nuevo. Corrió los latidos de su corazón, los oyó apaciguarse y demandó al cielo raso que desde cuándo así, si desde fin de año (no), si desde el viaje (tampoco) o si desde siempre. Pensó tres minutos, los juzgó, alcanzó la novela y se reubicó en sus mil meandros y afluentes como a él le gustaba: como la noche anterior y la otra y la otra y la otra. Imposible saber de qué iba la muy maldita pero a él le gustaba, le gustaba mucho, si bien gustar, lo que se dice gustar, la palabra gustar no fuera la justa (¿por qué no,infeliz?, siglos + tarde)). Si alguno, hecho improbable, le preguntara que de qué iba, él que de un río, sus meandros y afluentes mil y de la gente que vive en él, se baña en él y navega por él. De eso no iba para nada la novela, pero que de un río es lo que el habría contestado si alguno le hubiera preguntado o preguntase in illo tempora o en aquel entonses...

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