lunes 8 de junio de 2009
La noche se mueve
Fue el miércoles quince de enero de este año. Lo recuerdo porque mi familia adulta y yo habíamos regresado la víspera de un entierro terrible y ahí las fechas no se olvidan. Con todo (había un cincuentenario, los hijos mandan, la vida seguía...) decidimos no cancelar en el restaurante a las diez. A eso de las siete, ya de noche, me acerqué a la floristería -verde y húmeda- y de regreso a casa, con mucha niebla, crucé frente al "Spacio's", club de copas desde cuyo interior me convocó un resplandor que sólo los béticos aperciben. La Copa del Rey. Muy poca gente y el holandés sí, allí en su rincón. Pedí una cerveza sin alcohol y visioné, como algunos dicen ahora, la primera parte. En un momento dado el locutor ponderó la suerte que habría tenido el Betis con el fichaje de Emaná y el holandés no lo dudó: "¿Suerte el Betis? -protestó airado- ¡suerte Emaná!". Nos reimos todos y él nos miró con extrañeza pues no había pretendido hacer un chiste. Cuando llegó el descanso, me fui del bar sin pagar y sin despedirme. Llevaría andados unos treinta metros cuando caí en la cuenta de que había olvidado las rosas en el mostrador.
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Microrrelatos
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